Mi primera experiencia con la música fue antes de conocer los primeros rayos de la luz solar. Mi madre solía colocar unos auriculares encima de su barriga durante el embarazo poniendo música clásica. Nací un martes 27 de abril de 1971 a las 3.34 de la madrugada. Mi madre tuvo que aguantar porque salí con unas 2 semanas de retraso, pesando 3,4 kilos. Supongo que estaba muy a gusto dentro de su barriga calentita... El siguiente paso importante en mi evolución musical fue mi primera composición, que hice con 5 años en el piano que compró mi madre ese mismo año. Muy pronto me identifique con las posibilidades que daba el jugar con las teclas, combinando melodías y armonías infinitas... La verdad es que lo que más me fascinaba casi siempre era sentir esa creatividad y emoción que me provocaba la composición, tanto la música o las formas como las sombras de los dibujos o los colores de la pintura. Incluso antes de cantar, compuse Mis primeras grabaciones y arreglos de voces los hice con “el viejo truco” de usar un equipo de música grabando una pista de voz en una cinta , luego volver a grabar otra pista con la primera voz metida por debajo y luego otra y otra… y así hasta tener un coro entero grabado; aunque la calidad era malísima, esos momentos fueron muy especiales y creo que todavía me siguen gustando mucho las maquetas caseras que, casi siempre, tienen una magia que quizás sea difícil de repetir... De todas formas esta claro que cada cosa tiene su momento. Con 16 años mi padre me regaló un teclado “Roland D-10”, una grabadora “Fostex” de 4 pistas y un micrófono. Empecé a grabar mis canciones y ya era como si no existiera nada mejor en el mundo. Fue un problema porque me tiré todas las noches hasta las 3 o 4 de la mañana para luego tener que madrugar para ir la colegio (siempre llegué tarde). Pierdo completamente la noción del tiempo cuando estoy con la música... Empecé a estudiar música muy tarde, con 20 años, al principio algunas clases de voz, luego algún cursillo de armonía etc. pero la verdad es que casi siempre aprendí de oído y, desde pequeña, lo que me gustó fue la parte creativa, la posibilidad de expresarse a través de la música y quizás por eso he sido muy poco disciplinada con la parte teórica. Cuando me fui a estudiar con una beca al “Berklee college of music” en Boston me di cuenta de todo lo que me quedaba por aprender así que me apunté a todo lo que podía “de golpe” porque pensé que solo me iba a quedar un semestre. En ese semestre dormí de tres a cuatro horas por noche entre las clases, las actividades complementarias y las grabaciones por la noche. Al final me quedé dos años y me saqué el diploma de “Professional music”... En Boston aprendí muchas cosas, no solo dentro de la escuela, también fuera, y con la gente que conocí de todos los rincones del mundo, era una mezcla no sólo de intercambios musicales sino también culturales. Cuando terminé la carrera tuve la sensación de no haber aprendido nada y me deprimí durante un tiempo; pero poco después me di cuenta de que era solo una cuestión de tiempo para digerir todos los nuevos conocimientos y adaptarlos a mi. En Berklee gané varios concursos de composición y la verdad es que la mayoría eran canciones antiguas que habían salido de la intuición. Me di cuenta de que me había venido muy bien aprender arreglos y músicas del mundo etc. pero que no me encontraba a gusto con las clases de armonía porque para mi la armonía era y sigue siendo algo natural... Sigo guiándome por la intuición y la espontaneidad, cosas que me han sido fundamentales a la hora de componer, por ejemplo, música para cine… En 2003 compuse la banda sonora de la película “Eres mi héroe” (Antonio Cuadri, España) y fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Me encanta componer todo tipo de música y unos de mis sueños es hacer una obra sinfónica... Estos últimos 8 años he estado dando clases y otra de las cosas importantes que he aprendido es “dar y recibir” . He aprendido a transmitir mis conocimientos, analizar la música y la técnica (pensé que nunca sería capaz); incluso los “bloqueos psicológicos” que muchas veces son los obstáculos principales a la hora de cantar (o de transmitir con la voz). También me doy cuenta de lo mucho que recibo de mis alumnos, por ejemplo, con las interpretaciones personales y diferentes o la gratitud y la ilusión cuando vemos como uno va evolucionando y descubriendo posibilidades infinitas... En fin, el “dar y recibir” es una de las cosas más bonitas de la vida. Hasta hora solo he hablado de mi mundo musical. También me gustaría compartir otras cosas que para mi son fundamentales. No puedo enrollarme mucho porque podría escribir un libro entero, pero sí comentar que, últimamente estoy en una fase de mi vida en la que me estoy encontrando (más que nunca) conmigo misma. Estoy descubriendo que cada uno de nosotros tiene una identidad auténtica que muchas veces no sale del todo porque no estamos viviendo “nuestra vida” sino “la vida de los demás” o lo que nos han enseñado. Por eso, es importante que encontremos nuestra luz interior que forma parte de la esencia del cosmos y de toda la existencia. Siempre he sentido una llamada interior que me ha dado fuerza y seguridad a la hora de crear y compartir pero nunca supe lo que era realmente. Creía en Dios pero ni me gustaba la religión ni la iglesia o las normas y reglas impuestas por “el hombre” para controlar a los demás. Siempre he buscado y luchado por lo que he sentido que era “lo correcto”, no por lo que me decían que era “lo correcto”. Nunca he sentido miedo a las cosas del exterior, por ejemplo, “tengo que tener cuidado por lo que me pueda pasar”. He vivido en zonas peligrosas, he estado en situaciones críticas, pero siempre he tenido la seguridad de que no me iba a pasar nada. Siempre me he sentido protegida. Mis miedos eran de otro tipo: el miedo a equivocarme, el miedo a ser abandonada etc. y todavía me cuesta soltar esos miedos del todo. Lo importante es reconocerlo y aceptar que no somos perfectos y que estamos aquí para amarnos y seguir aprendiendo de lo que nos ofrece la vida. CARITA